Está situado muy cerca de la catedral, en una calle que une la Plaza de la Catedral con la calle Ancha.
La entrada al restaurante es espectacular, la sala es espaciosa, correcta la vajilla y cubertería, el servicio simplemente correcto tirando a "pasota", no se si debido a que tenian el comedor lleno, era un sabado.
En este restaurante confunden la cocina de autor con las raciones ínfimas,comimos el menú de fín de semana (16 euros) y debe ser para pigmeos que comen poco, los segundos platos, uno de carne y otro de pescado, simplemente ridículos, mas pequeños que algunas tapas de las que sirven por León con los vinos, creo que niguno de los dos platos principales llegaría a los 75 gramos, una lástima pues la calidad era buena.
Otro defecto, muy común en muchos restaurantes, tuvimos que comer el pescado con olor a carne por la dichosa costumbre de asar la carne roja en los comedores en parrillas portatiles, logicamente el comedor se llenó de humo y de olores, cuando se enterarán estos restaurantes que no queremos llegar a casa oliendo a guisotes y no pudiendo saborear los platos, aunque en este caso poco había para saborear.
En resumen mucho ruido y pocas nueces.