Es casi tan conocido como el Acueducto a cuyos pies se encuentra. Acudimos recientemente a Segovia con una reserva previa para cenar en este restaurante y, tras haber leido algunas críticas, íbamos ligeramente asustados pues no hablaban excesivamente bien. Nada más lejos de la realidad. Como digo, el sitio es excepcional, a los pies del acueducto y el interior, en una casona del siglo XVI, muy acojedor. El dia que fuimos, en pleno invierno, había temporal y, en consecuencia, poca gente. Nos pusieron en un rincón excepcional, junto a una chimenea y rodeados de fotos de personajes históricos y famosos que pasaron por allí. El trato del personal fue correcto, sin tiranteces y, en cuanto a la calidad de la comida, yo diría que excelente. De entrante tomamos unos rollitos de ahumado rellenos de gambas que eran muy abundantes (tres por cabeza) y estaban deliciosos. Después el tradicional cochinillo que estaba realmente delicioso. Como postre un sorbete de limón también muy abundante. La carta de vinos es inmensa, aunque hay que pedirla, si no te espetan el de la casa.El precio, para lo que se ve en otros lares y teniendo en cuenta el lugar no nos pareció caro: 44 euros por cabeza.