Dicen que los gitanos no quieren buenos principios para sus hijos porque así las cosas les irán, después, mejor en la vida. Este dicho cabe aplicárselo al Restaurante As de Picas, perteneciente al flamante Casino de Asturias, en Gijón. En concreto, en este escrito, vamos a referirnos a su bar, en el que cenamos el pasado sábado por falta de plazas en el comedor.
Respecto al local en si, cabe decir que se trata de un sitio moderno, funcional y aceptablemente decorado. Caben destacar los cuadros de sus parades, originales de numerosos autores locales. El único punto llamativo en este aspecto son las lámparas que cuelgan sobre cada una de las mesas: resultaba hilarante comprobar cómo la inmensa mayoría de las personas que se levantaban, realizaban unos remates de cabeza con las susodichas que ni el Quini de los mejores tiempos sería capaz de igualar.
Respecto a la comida y al servicio, esperamos que, según el dicho del principio, en el futuro las cosas mejoren, puesto que, del contrario, me da la impresión de que, en lugar de picas, van a pintar bastos. Veamos:
Eramos dos personas y pedimos dos copas de Viñas del Vero, una ensalada de ba-calao con piquillos y una tabla de ibéricos. El Viñas del Vero estaba caliente; nada que ver con el que poco tiempo antes degustamos en El Legado de Baco; la ensalada fue escasísima: un par de bocados por persona, mucho verde y piquillos que brillaron por su ausencia. Mención especial merece la tabla de ibéricos: chorizón, salchichón y lomo del supermercado y unas lonchitas de jamón con más grasa que hebra, todo ello cortado a máquina con un espesor tal que llenaban un gran plato pero que, a la hora de llevarlo a la boca, aparte de la calidad en sí que ya tenía el producto, resultaba insignificante, llegando, incluso, a imposibilitar la degustación de su sabor. Por los 17 euros que costó ésta, hace un mes, en Salamanca, degustamos una tabla auténtica, de las de verdad, con productos de la tierra, cortados todos a mano, con un volumen tal que cenamos con ella y nos sobró.
No quiero enrollarme, y veo que lo estoy haciendo, pero he de seguir. A continuación pedimos los postres: Browny y tartita de manzana. El primero estaba muy rico; la segunda, ya la probamos mejor. Esto lo pudimos comprobar tras un cuarto de hora de espera.
Sigo. Pedimos, después, dos cortados y dos chupitos. Fue la primera vez en mi vida que me pusieron el chupito antes que el café. Lo traerán ahora, dije yo. Iluso de mi. Pasados veinte minutos, con un cambio de turno de personal y el chupito aguado, reclamamos los cafés. Nadie sabía nada. Diez minutos después, una nerviosa y temblorosa chica nos trajo los cafés.
Queda aún el asunto de la cuenta: otro buen tiempo de espera hasta que, al fin, nos tuvieron que venir a confirmar que era lo que habíamos tomado, puesto que, debido al cambio de turno, había cosas que no les constaban.
Por último, cabe comentar un detalle muy feo que en un local de tal categoría no puede soslayarse: en el baño de señoras no había papel.
No responsabilizo de esto, en absoluto, a los empleados del local; jóvenes, inexpertos e insuficientes ante la avalancha que, en el primer fin de semana de funcionamiento del casino, cosa totalmente previsible, se les vino encima. Los únicos responsables son los jefazos que, aparte de fotos con las autoridades, deberían haberse parado a pensar que cosas como estas podrían suceder.
Una cosa quiero dejar clara: pretendí con este escrito hacer una crítica constructiva con la esperanza de que todo lo narrado haya sido debido a la vorágine inaugural y que, poco a poco, los problemas se vayan puliendo, ya que: ya saben, de lo contrario: As de Bastos. Y no olvidemos que Semana Santa y el verano están a la vuelta de la esquina.
- El 26.3% de los comentarios lo considera con buena relación calidad / precio.
- El 15.8% de las opiniones recomendarían el restaurante a un amigo.