Es una sidrería-restaurante situada en el núcleo de Proaza cerca ya de la salida hacía Teverga.
Es el típico "chigre" reconvertido con una pequeña remodelación en su barra, de acero inoxidable, pero que necesita una profunda remodelación en su "puerta de atrás", lease servicios, cocina y patio trasero, que por cierto es muy aprovechable pero que presenta un aspecto nada acorde con la hostelería moderna, el comedor algo apretado y el servicio de mesa mejorable,el personal atento y agradable.
Se dedica fundamentalmente al menú del día, aunque parece muy frecuentado por la gente del lugar lo que significa una cierta garantía.
Comí un fín de semana y tiene el menú a 12 E, su carta es simplemente testimonial,
el menú lo típico de la zona, de primeros pote de berzas, pote con castañas o sopa (no recuerdo de que), de segundos, cordero guisado, picadillo o carne guisada, de postre arroz con leche, flan, compota y alguna cosa mas.
Mi valoración: Parece que doce euros ya son una "filfa", pero en fín, la hostelería está como está, para lo que se estila correcto,el pote, que fué lo que comimos todos, abundante y sabroso, de segundo comimos, para probar todo, de las tres posibilidades, el cordero abundante y bien cocinado, el picadillo y la carne guisada algo mas escasos pero bién, los postres, el arroz con leche bueno, la tarta de queso, mejorable, el flán normal, nos invitaron a los chupitos tras el correspondiente café, tiene una cocina de estilo muy casero con todo lo que esto representa respecto a la falta de innovación, el vino, por cierto, muy malo, con lo fácil que es ofrecer un vino de La Mancha a buén precio y "bevible".
En resumén, puede recomendarse para el menú siempre que no se sea muy "pijo" en relación con lo referenta a los complementos anexos al restaurante, servicios y demás.