Es un pequeño restaurante situado en el puerto de Castropol con vistas sobre la ria y fente con frente con Ribadeo.
No es el tipico restaurante de la zona de pescado y cachopo;la carta es imaginativa y de alternativas a la cocina tradicional, pero con materias de primera que nos descubre los platos que elabora Carlos, el cocinero que junto con Rodrigo se encargan de que el que pase por sus mesas se vaya satisfecho y con otro concepto de la cocina asturiana que no sean los tipismos mencionados arriba.Imprescindibles sus brochetas y cazuelitas, para chuparse los dedos.
Otro punto a su favor es la estupenda carta de vinos, sorprendente.
Si hay algo que se le pueda echar en cara es que no aceptan pago con tarjeta, aunque siempre nos puede servir para que pague nuestro acompañante con la excusa de que no hemos traido metalico...