Debido a un compromiso familiar, visitamos este establecmiento el dia 7 de Enero, domingo para màs señas; probablemente un domingo no sea el dia mas adecuado para relatar una primera impresion en un restaurante pero es el dia que fuimos y otro no creo que volvamos. Como veíamos que nadie nos entregaba las cartas, se la solicitamos al camarero y éste nos dijo que no tenía ninguna libre, que las tenía todas ocupadas. Tras esperar algo más de veinte minutos, por fin llegó el camarero con tres cartas, para una mesa de ocho. Pedimos y enseguida nos trajeron las entradas,( croquetas, calamares y jamón ibérico)pero para los segundos platos tuvimos que esperar media hora de reloj.Además los platos iban llegando por goteo. Cuando le trajeron el san jacobo a mi sobrino, bastante aceitoso, el resto de a mesa ya había terminado de comer. Los postres eran corrientes y de nuevo, esperamos un buen rato para poder pedir los cafés. La cuenta fue muy abultada.