En un pueblo sorprendente por su belleza se encuentra este restaurante, hay que callejear por su zona antigua para encontrarlo.
Instalaciones modestas que parece hubieran tenido mejores tiempos.
Menú del día a 18 euros uno de cuyos segundos platos incluia el típico ternasco de Aragón que fué lo que comimos la mayoría de los comensales, los he comido mejores.
Precio algo caro para la calidad del producto, teniendo en cuenta que era día de semana y que estabamos cuatro gatos.
No puedo recomendaroslo no por su relación calidad/precio.