Ayer comí con otros cuatro comensales en la Imprenta Casado. Las cosas empezaron mal cuando comprobamos que no habían apuntado la reserva hecha unos días antes, pero había sitio libre y pudimos acomodarnos. La comida estaba francamente rica, pero era carísima para la poca cantidad que ponen. Por ejemplo, la ensalada de bacalao, que consistía en cinco rodajas de tomate con un poco de bacalao en el centro y unos cuantos canónigos, costaba 12.5 euros, que para León es carísimo; los pimientos del fresno son también muy escasos para los 10.50 euros que cuestan. También comimos una ración de croquetas, otra de morcilla y un revuelto de ajetes. Con el pan, el agua, dos refrescos y una copa de vino, 55 euros. A todo ello hay que añadir que tardaban muchísimo en servir cada plato (del que tocábamos a una mínima parte cada uno); requerimos a la única camarera para que trajera varios a la vez, y nos dijo que no era posible ya que la cocina tenía que atender no sólo la planta de arriba, sino también la de abajo (vamos, que no daban abasto). Una pena por lo caro, lo escaso y lo lento, porque la comida está buena.