Lo primero que ves al llegar es una tienda mixta, cutre, con un montón de botellas, desde que se inventó el vidrio, sucias, que te invitan a marchar, pero ya que estás allí decides seguir y cuando te empiezan a servir agradeces haberte quedado. Unos entremeses, siempre los mismos, chorizo, jamá, chosco y cecina de casa, que ya comerías con eso, después suele ponerte ensaladilla o ya directamente el pote, cordero guisado y natillas y cuajada con miel y nueces hasta reventar. Cuantas veces fuí tuve que salir a dar un paseo para poder ponerme en el coche. El vino es hecho por el y es aceptable. Relación calidad-cantidad/precio excelente