Restaurante cafetería con terraza. Agradable y tranquilo. No está permitido fumar y tiene wifi. El trato de los empleados es muy agradable. Las raciones son abundantes, y algunos platos originales (la piramide de chocolates líquidos, por ejemplo). El pastel de centollo riquísimo, y las sartenes de picadillo de venado muy buenas. Tiene fotografias de los platos que sirven para que uno se pueda hacer una idea, y son totalmente fidedignas. Hemos ido dos personas y con un entrante a compartir y un plato principal para cada uno, nos quedamos más que satisfechos, pues apenas pudimos terminar el postre. Esto, regado con un Martin Codax, nos salio por unos 43 euros. Mejor reservar porque tiene pocas mesas. Recomendable al 100%