Un chalecito de dos plantas acondicionado como restaurante, por lo que los grandes y claros salones se llenan de mesas, sin manteles, con sillas de diseño y cubertería original y diferente, cortinas de fuertes colores, maderas y papeles pintados diciochescos le dan a toda la casa un toque totalmente diferente. Es un sitio muy especial, muy original y totalmente cautivador. La carta apasiona, y los menús especiales por 25 euros también. Los postres de muerte, y el servicio y la atención muy cuidada. Tb preparan eventos, bodas, reuniones y catering. Es impresionante el sitio, y la comida. Merece la pena ir, a mí me ha hechizado.