Más que un restaurante se trata de lo que en Francia se conoce como un bistrot, menú del día a precios interesantes, una bodega honesta aunque no desmesurada con caldos elegidos por un amante del vino y a unos precios muy razonables.
Una buena carta de tapas y raciones y los fines de semana cocina francesa, de la que comen los franceses, no la que hace Paul Bocuse "pa que nos entendamos".
Gerard, el propietario hasta se atreve con incursiones en la cocina asturiana tradicional. Puedo dar fe de haber degustado un chosco monumental.
Se habla francés e inglés