Situado en pleno Barrio Humedo, a la entrada tiene una amplia barra que suele estar muy concurrida, el comedor en el primer piso con unas diez mesas.
Es una casona antigua y todo el local está decorado como los comedores tradicionales de los años de principios del siglo XX.
Raciones correctas, elaboración con aciertos y algunas cosas que mejorar, pero con una buena relación calidad precio.
Comimos dos personas, una ración de cecina, una de patatas asadas , una de Bacalao a la brasa, una caña, una botella de agua, mas los cafés y el pan, total 37,5 euros.
En resumen se puede ir sin problemas sin esperar alardes culinarios.