Antigua casa de piedra rehabilitada, un patio muy bonito para el verano. La decoración en piedra y tonos blancos y cálidos, la luz tenue. El ambiente es coqueto, moderno y acogedor. El trato del personal, tanto por teléfono como allí, es buenísimo. La carta no muy amplia pero original. Tienen menú por 28 euros, pero es para dos personas. Te aconsejan muy bien sobre la cantidad y platos a pedir. Amplia carta de vinos gallegos. La comida....deliciosa. Y los postres: canutillos de manzana o pastelito de chocolate caliente para chuparse los dedos. Es un sitio muy especial y nada caro.