Un restaurante pequeño y coqueto, puro y sencillo en tonos blancos, y un toque de color lila de una pared de cristal. El trato es excelente. La comida realmente exquisita, así como la presentación de los platos, el servicio, todo inmejorable. La carta de vinos es inmensa, uno se pierde entre tanto nombre. Merece la pena una visita para celebrar algo especial. De carta tiene precios un poco elevados, precio orientativo para dos personas, con dos entrantes, dos platos principales y dos postres, 120 euros. Tiene menús por 45 y 66. Totalmente recomendable.